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Lo más importante del nuevo sistema es que puede acceder a los distintos sitios (además del presente la librería, los cursos y el blog de Silvia Ceres) con un/a única/o usuaria/o. En la parte inferior de la página dispone de enlaces a los demás sitios.

En la actualidad estamos trabajando para ofrecerle a nuestros visitantes la posibilidad de contar con un sistema de cálculo. Ya hemos habilitado la opciones de carta natal, progresiones, revolución solar y tránsitos. Además se dispone de efemérides, calendario lunar (ambos para el mes en curso) y la situación del cielo ahora mismo.

Como siempre estamos trabajando para ofrecerle el mejor sitio del mundo astrológico... esperamos que lo disfrute y muchas gracias por su visita.

Saludos, Adrián Argüelles (Administrador).

   
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Grupo “Laberinto del Medio Cielo”. El Bolsón, Río Negro (Argentina)

Soy yo quien te mira

 Pero tú quien me miras”

 Paul Nougé

Cada vez que se realiza el encuentro con la persona que desea una consulta astrológica hay un tiempo fuera del otro tiempo; el del desarrollo de la Carta, es el instante del primer contacto visual, las primeras palabras que inician el intercambio. A ese momento podríamos llamarlo “antes que salga el Sol”, porque se trata del dato con que llega quien viene a consultar: la noche de la cual procede.

La riqueza que aporta la mirada, los gestos y las palabras primeras, las que abren camino a la posibilidad de adentrarse en el misterio individual, al mandala que lo alberga y que conoce sin conocer, que lo vive y vivió pese a ignorar su diseño.

Muchas veces es ese el instante en que la persona es precedida por el niño que fue, un fantasma desapercibido que irrumpe desde su madriguera por escaso tiempo, un desliz inconsciente y temerario, tal vez el pedido más genuino del lugar de partida, el: “dónde te jodiste, Zavalita?” (1) la pregunta que a todos nos late en trasnoches espesas o madrugadas indeseables.

Para acceder a ese momento inicial, a ese mensaje que apela a una sonrisa desviada, a unos ojos ávidos de recorrer el lugar con cierto disimulo, a unas manos inquietas del bolsillo al bolso, es necesario que el astrólogo pueda también habitar otro tiempo propio y tratar de comenzar a allegarse a esa persona en la zona que originó el “horizonte de sucesos”, el borde de la vida. Se abre allí un mundo de saber, un registro de datos omitidos por la realidad que construyó la personalidad que afanosamente va lidiando con sentimientos, hechos y confrontaciones consigo mismo y su entorno.

En las primeras palabras hay claves ciertas que pueden permitir luego elegir el sendero que vaya conduciendo la tarea de desplegar símbolos, interpretarlos y transmitirlos de manera que en un tiempo de consulta la persona pueda re-conocer sin juicio ni negligencia el ADN cósmico que porta y le permite el ancho espectro entre el dolor y el placer.

Individualizar en el primer momento del encuentro el disparador que lleva a esa persona a requerir esta forma de conocimiento, no solo es valioso para el consultante, tal vez lo sea más para el astrólogo.

Puede que algunos ejemplos ayuden a entender a qué nos referimos.

Algunas personas comienzan aclarando su nombre: “Te dije Marta Alejandra, pero uso Alejandra, mi papá me puso el nombre de mi abuela y lo odio, no soy Marta”.

Otras aclaran: “No sé nada de esto y no creo mucho, vine por curiosidad”.

O bien: “Esta vez el auto no me arrancaba, por eso llego tarde”.

En el primer ejemplo hay un disgusto inicial, un reclamo retroactivo que trata de conjurar su historia ancestral. Desenrollar esa madeja con sus previsibles falencias inscribe desplazamientos a tener en cuenta, un territorio propicio donde los Dioses o planetas configuran el instante del nacimiento.

En el segundo hay una necesidad de instalar un vallado personal, la contradicción manifiesta de estar en un lugar voluntariamente pero desligándose de lo que podría implicar. Es fiel a la duda que le origina lo que desea, la fidelidad más infiel establece su patrón vital, la “rueda de eventos” sometida a cuestionamientos que logran la libertad por una “duda razonable”.

En el tercero se trata del sometimiento a la excusa, una suerte turbia y hasta torpe disponibilidad a ser manipulado por “lo otro”, casi un grito que pide la eximición por pender de contingencias incontrolables. La esperanza de revertir esto es eludida prolijamente. El peligro latente es que la lectura de la Carta se configure dentro de este patrón.

Estos ejemplos están referidos a la palabra, es importante además atender al lenguaje de la mirada, la imagen de esos ojos que nos miran, el circuito de recorrido y detenimientos, el brillo o la opacidad que se instala sin causas aparentes.

                         

Hay una metáfora en los primeros momentos del encuentro con quien consulta, una síntesis que sólo un poema puede expresar, la lírica que habita el ser como semilla de muerte.

El hilo ya está allí, listo para tirar de él con la salida del Sol.

(1) “Conversación en la Catedral”. Mario Vargas Llosa. La pregunta nos alcanza a todos. Don Mario incluido.

   

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