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2013 – by Alfonso Cuarón, con Sandra Bullock y George Clooney)

Manuel Ignacio Quiles (Argentina)

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La película se sitúa en el espacio exterior, fuera de la atmósfera de la Tierra, pero con nuestro planeta como fondo, todo el tiempo: podemos afirmar que la Tierra, el planeta Tierra, con su belleza arrebatadora, su grandiosidad y especialmente su gravedad, es el principal personaje del film, y que la interacción entre la Tierra y el cielo, donde se mueven los protagonistas, es el meollo de la trama.

Los astronautas se encuentran en una misión, arreglar o ajustar un satélite-telescopio, cuando son alcanzados por los restos de otro satélite destruído, y entonces comienza la acción: movimientos caóticos producidos por la inercia, que actúa como única fuerza propulsora al faltar la gravedad terrestre-; separaciones violentas de la nave madre; alejamientos entre ellos; flotar a la deriva en el silencio y la oscuridad y constatar que se han quedado solos, pues la nave se arruinó completamente y pierden el contacto con Houston, la base terrestre que les sirve de referencia.

La trama del film es “ficción realista”, pues aquello podría muy bien suceder, encontrándose entre dos extremos: cintas verídicas como Apolo XIII, y ficcionales como Misión a Marte, o 2001 Odisea en el Espacio; tiene el gran valor de hacer vivir al espectador una experiencia espacial, pues los personajes son gente común, con las que uno se identifica fácilmente. Veamos la declaración del director: «la narrativa es muy sencilla, lo que a mí me importaba es que tú sientas que eres ese astronauta perdido en el espacio». La narrativa es simple, si, pero hallamos en ella una densidad semiótica sorprendente.

Tiene un innegable toque latino –su director, escritor y productor es el mexicano Alfonso Cuarón- que la aleja de los clichés nacionalistas hollywoodenses, haciéndola más internacional y humanista: los astronautas recurren a las naves rusas y chinas de los alrededores con mucha naturalidad, y se desarrolla un drama sutil personal y espiritual, dentro de un guión de pura acción y efectos especiales, típico sí de Hollywood.

La protagonista, una médica ingeniera, platica con el teniente de la misión sobre sus vidas cotidianas en la Tierra: en qué barriadas viven, cómo vuelven a sus casas desde sus trabajos, y si alguien los espera en el hogar; en fin, sus vidas terrenas, prosaicas, adheridas a la Tierra por la fuerza de la gravedad. El título del film se devela multifacéticamente apropiado, y hay detalles perspicaces sobre esto, como la música country de fondo que escuchan desde Houston, que la médica sugiere apagar porque ya le gusta el silencio absoluto del espacio (…ella siempre escuchaba la radio cuando volvía del trabajo…)

Un pormenor como la falta de oxígeno dentro de la escafandra –cuando está en peligro, flotando a la deriva- también nos remite a la contención vital terrestre de la atmósfera, oxígeno que falta fuera de ella. Y también el recurrente tema de los cordones (¿umbilicales?) que unen a los astronautas para moverse conjuntamente, alude a la cuestión de la dependencia mutua o la soledad de estar separado, la soledad siendo otro gran tema de fondo.

La escena en que la médica y el teniente se ven en la opción moral entre salvarse ella o morir los dos juntos, nos remite a un conflicto de valores, pero también a que Cuarón moviliza constantemente las emociones más básicas, siendo la escena de las lágrimas que flotan y vienen hacia el espectador, la metáfora más interesante del film…

De esas formas, se va desplegando el nivel de interpretación más obvio, el de las relaciones entre la vida terrestre más básica, y el cielo con su soledad, sus misterios, sus peligros mortales, el placer de flotar que proporciona, y como fuente de significación espiritual. Ejemplo de lo último, la astronauta confiesa que su vida perdió sentido cuando su hija murió en un accidente banal al caerse jugando: una vez más la gravedad siempre presente, dictadora del destino y los hábitos más elementales… Confiesa que no cree en nada, y esto pronto se manifiesta como una necesidad en los avatares en que se encuentra, que no son otros que el enfrentarse con la muerte.

El riesgo de morir en el espacio está resaltado, siempre presente, y además de la muerte de los tripulantes, la astronauta se enfrenta con peligros terribles de los que sale victoriosa, hasta que finalmente, cuando no puede solucionar el problema de la falta de combustible de la nave rusa, abandona las esperanzas, y se entrega a la muerte…

Allí es cuando ocurre una intervención “espiritual”, que es la aparición del teniente supuestamente ido, que no sólo la instruye cómo superar el obstáculo (usar el chorro que frena el aterrizaje), sino que la anima a no dejarse tomar por la inercia de la desesperanza. Inercia Vs. Fuerza propulsora: símbolos concretos y valores espirituales a la vez. Cuando él desaparece súbitamente, ella se dirige a él en oración, aceptando finalmente la realidad invisible. ¿O fue todo una ilusión, muy útil, sí, pero ilusión al fin? Cada espectador decide…

La entrada del módulo chino en la atmósfera despierta las mayores emociones de suspenso y esperanza, porque se juega nuevamente la muerte o la vida. Algunos astronautas murieron en esta etapa realmente, cuando la velocidad de aceleración extrema que impone la gravedad, y la fricción con el oxígeno, pueden quemar los módulos sin piedad, dependiendo de muchos factores, en este caso, la suerte… La suerte o el destino, se manifiestan aquí como otra cuestión de fondo ¿Quién decide la suerte?

En todo el desarrollo de la historia, hay un largo y lento proceso de elaboración de un duelo, una pérdida emocional clave –su hija- de la que necesitó alejarse tanto para encontrar, gracias al teniente, la resolución de antiguas memorias luctuosas que inhibían la alegría de vivir (“Debes aprender a soltar…”; “¡Sea cual sea el desenlace de la entrada a la atmósfera, esto vale la pena vivirlo!”)

El otro gran personaje, al lado de la gravedad terrestre, es la propia tecnología: tecnología para poder salir y entrar en la atmósfera, desafiando a la gravedad; tecnología para moverse o estabilizarse fuera de la atmósfera, donde no hay gravedad… La película exigió muchísima inversión y recursos en tecnología de punta para filmar los efectos especiales –toda ella son efectos especiales, y ganó un premio Óscar por ello-, lo que nos enfrenta con la paradoja entre el contenido explícito, la tecnología demandada en el espacio, y la tecnología requerida para la filmación.

La mayor parte de la cinta los astronautas se mueven caóticamente, girando, dando vueltas, literalmente a la deriva, perdidos y sin dirección, o, si están quietos, la cámara los encuadra de cabeza para abajo, naturalmente. A veces la tierra esta “arriba” y el cielo estrellado está “abajo”… De esta manera, aprendemos gracias a la película, la experiencia de vivir sin gravedad (sin “los pies en la tierra”), que es vivir sin arriba ni abajo, sin cielo y suelo, sin horizonte delimitador, como dimensiones ordenadoras de la vida.

Es tan omnipresente la gravedad en la vida corporal y psíquica, que el famoso físico Moshe Feldenkrais llega a afirmar que no se puede percibir, sentir o pensar sin una serie de acciones complejas iniciadas por el cerebro para mantener el cuerpo contra la fuerza de la gravedad, al necesitar saber constantemente dónde estamos y en qué posición.

La escena final, desde que el módulo cae en un lago y comienza a hundirse, hasta que la astronauta se libera del traje muy pesado (¡la gravedad, otra vez!), nadando hasta la orilla y descansando finalmente en la playa, son de un impacto semiótico extraordinario. En su alivio, tirada en la arena, a la que acaricia y le dice “gracias”, y en su sonrisa cuando se compara con la situación en el espacio exterior, donde todo era caos, peligro y amenaza, vuelve a entregarse alegremente a la gravedad, con todo el placer y la seguridad que esto implica. Se levanta con dificultad, resbalando –riendo de esto último, nuevamente-, se yergue en la posición humana de pié –diferente de los animales, que desafía a la gravedad-, y luego de mirar el cielo una vez más, camina para el interior de la tierra…

En el nivel simbólico más abstracto, profundo y arquetípico, afirmamos que la cinta trata de las relaciones entre el cuerpo y la mente: la Tierra –con su gravedad- es el cuerpo, y el espacio –con la tecnología espacial- es la mente. La tecnología pegó un salto tremendo en la década de ’60, justamente cuando la humanidad llegó a la Luna, y es el producto directo del desarrollo científico de la modernidad: ciencia y tecnología son equivalentes a la mente…

En la década de los ’60 también se expande la visión ecológica del planeta, comienza a instalarse la conciencia planetaria global de cuidar la Tierra: se concientizan los peligros de la contaminación, y así podemos entender otro motivo de la película: la realidad de la basura espacial -que es descomunal-. La contaminación del espacio con los restos de satélites y naves rotas o que no funcionan más, es desconocida por mucha gente, y es literalmente “sheet”, como dice la astronauta.

La Gravedad es una de las cuatro grandes fuerzas de la Física (junto al Electro-Magnetismo, la Radioactividad, y la Fusión Atómica) que conforman el “Campo Unificado” del Cosmos, de la Naturaleza: todas las demás leyes físicas se remiten a ellas… la Tierra, con su gran masa, nos impone la gravedad como una ley básica de la vida, y por ello decimos que nuestro planeta, como fondo constante, es el personaje central del film, con su belleza solar durante el día –tierras, continentes, el mar, las tormentas de nubes-, y de noche, con la aurora boreal y las ciudades iluminadas (alusión directa a la tecnología… )

Otro director mejicano de renombre, Iñárritu, compara el film Gravity con el primer film de todos los tiempos, “La Llegada del Tren a la Estación” de los hermanos Lumiére (los espectadores se levantaban espantados de sus asientos, tanta la impresión de realidad), ambas películas pioneras y paradigmáticas de la magia, las emociones y las sensaciones que despierta el cine.

ANÁLISIS ASTROLÓGICO

A nivel de la interpretación semiótica astrológica, se juegan en la película los arquetipos de Saturno y de Urano, en conflicto dialéctico: Saturno siempre representó la corteza terrestre (las piedras, ¡el plomo!) y la fuerza de la gravedad, con su peso, esfuerzo, las leyes y los límites, las reglas y las convenciones, y el concepto de necesidades, a las que uno se doblega, acepta y respeta –y entonces a uno le va bien- o a las que uno se rebela y entonces la vida es un des-astre, con frustraciones profundas y falta de realización.

Urano siempre representó al Cielo, a las estrellas, al espacio exterior, y justamente por ello, a la mente más abstracta y a la tecnología de la modernidad. Toda la carrera espacial es ya una manifestación de la Nueva Era de Acuario, signo regido por Urano. Creemos que este film –y toda la temática de la humanidad en el espacio- despliega una de las significaciones más profundas del Signo de Acuario, que es el deseo –y la fantasía- de liberación de las necesidades humanas más básicas y esclavizantes a través de la mente, la ciencia, y su tecnología.

En este nivel podemos entender desde las neurosis y perturbaciones de personalidad a nivel individual, que traducen una disociación patológica mente-cuerpo, hasta el desarrollo científico de occidente y toda la tecnología de la modernidad –con su disociación operacional- que tanto nos ha cambiado, y tantos beneficios nos ha dado, pero que nos enfrenta a un gran desafío, y que es la integración, para el futuro, de la ciencia y la tecnología con el humanismo, los sentimientos, el cuerpo, y la vida espiritual, que por definición, es holista e integrativa.

El film nos hace reflexionar sobre el factor ordenador de la experiencia que es la fuerza de la gravedad –Saturno-, y la falta de ésta, que nos trae caos, desorientación, pérdida de la realidad, flotación sin rumbo, soledad y miedo. Sin las coordenadas “Cielo-Tierra”, arriba-abajo, y el horizonte como delimitador de ellas, no podemos experimentar la seguridad básica de vivir en la Tierra, y así organizar la polaridad Solidez Vs. Inestabilidad. Sostén / Apoyo / Firmeza Vs. Desamparo / Riesgos / Caos.

La configuración planetaria que facilitó el salto tecnológico de la década de los ’60 fue la conjunción de Urano y Plutón en Virgo, que duró unos 6 años, desde 1962 hasta 1968: el mundo, después de esos años, nunca más fue el mismo… Esa conjunción de los planetas trans-personales (los más lejanos, que no se ven a simple vista) que más impulsan el cambio y la transformación colectiva, tuvo como disparador un stelium (cúmulo de planetas) en Acuario en el mes de febrero de ‘62: en ese signo, paradigmático de la Nueva Era, hubo una conjunción de todos los demás planetas: Sol, Mercurio, Venus, Marte, Luna, Júpiter y Saturno, el 4 de febrero (algunos astrólogos afirman que esta fecha es clave para la entrada en la Nueva Era).

Pero el tema que nos convoca ahora, la carrera espacial, tiene como fecha paradigmática el 18 de marzo de 1965, cuando se produce la primera caminata espacial, la 1ª vez que el hombre sale de una nave y se aventura a flotar en el espacio exterior, y éste fue el ruso Aleksei Leonov. En esa fecha, Saturno en Piscis se encontraba exactamente opuesto a Urano -y a Plutón como ya vimos-. Hay que agregar que Marte está conjunto, en esa fecha, a Urano, y que el traje de Leonov se infló y por poco no pudo reingresar a la nave…

En 2010, Alejandro Cuarón vende los derechos a la Warner Bros, pero el año anterior estaba escribiendo el guión junto a su hijo: en febrero y marzo de 2009 vemos la oposición Saturno-en-Virgo con Urano-en-Piscis (exactamente al revés de 1965).

El planeta Marte estaba en febrero de 2009 en un cúmulo (stelium) en Acuario: Sol, Mercurio, Marte, Júpiter, Quirón y Nodo Norte, y en Marzo hace conjunción con Urano (como dijimos, en Piscis). Dos configuraciones planetarias muy similares, involucrando a Urano y Saturno en el eje Virgo-Piscis, en 1965 cuando el 1º hombre sale directamente al espacio exterior, la otra en 2009, cuando se escribe el guión de la película. Marte acompaña esas configuraciones, ubicándose 1º en Acuario y luego junto a Urano, agregando pionerismo, heroicidad, coraje y adrenalina a ambas situaciones.

Resumiendo:

1) Conjunción Urano-Plutón en Virgo, década de ‘60

  1. Oposiciones Urano-Saturno en 1965 y en 2009, en Virgo-Piscis

  2. Steliums en Acuario, disparadores de las configuraciones citada

  3. Marte uniéndose a Urano, después de los steliums

Tampoco es por casualidad que la oposición entre Urano y Saturno se dé en el eje Virgo-Piscis, pues sostenemos que junto con los steliums en Acuario, todo ello refleja en el cielo el pasaje y la transformación de las cualidades lógico-racionales, mecánicas, experimentales, maquinistas e industriales de Virgo (como significador de la otra cara de la era de Piscis) hacia una ciencia y tecnología de signo Acuariano, cuántica, instantánea, electrónica, informática, globalizada, cibernética, virtual, precisamente como un pasaje de la Era de Piscis a la Era de Acuario.

Los artistas cuentan en una entrevista que su trabajo en las filmaciones fue muy diferente de lo usual en el cine (cine = Piscis): tenían que adaptar sus movimientos a una secuencia planeada de antemano matemáticamente por computadora (¡Virgo!)

Respecto al duelo de la hija perdida que se va elaborando durante toda la cinta, hay obvias alusiones lunares (significadoras de la maternidad) cuando ella asume la posición fetal en silencio para recuperar las fuerzas –convirtiéndose en bebé-, y cuando se comunica con un radio amador de Groenlandia, que le hace escuchar el llanto de un niño, una canción de cuna, y perros aullando… Vemos así a la Luna interactuando con el Saturno de fondo de toda la trama.

   

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