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El héroe de las mil caras de Joseph Campbell . Fondo de Cultura Económica. México—Buenos Aires . 1959. Capítulo III .Pags.282 y ss.

1. EL HÉROE PRIMORDIAL Y EL HÉROE HUMANO

transformaciones del heroePodemos hacer la diferenciación entre dos etapas: la primera, de las emanaciones inmediatas del Creador Increado a los personajes fluidos pero fuera del tiempo de las edades mitológicas; la segunda, de los Creadores Creados a la esfera de la historia humana. Las emanaciones se han condensado, el campo de la conciencia se ha restringido. Donde anteriormente eran visibles los cuerpos causales ahora sólo sus efectos secundarios llegan a ser el foco de la estrecha pupila del ojo humano. El ciclo cosmogónico, por lo tanto, ha de seguir adelante no por medio de los dioses, que se han vuelto invisibles, sino por los héroes de carácter más o menos humano y por medio de los cuales se realiza el destino del mundo. Ésta es la línea donde los mitos de la creación empiezan a dar lugar a la leyenda, como en el libro del Génesis después de la expulsión del Paraíso. La metafísica cede su lugar a la prehistoria, que es vaga y opaca en un principio, pero se vuelve gradualmente precisa en los detalles. Los héroes se vuelven menos y menos fabulosos, hasta que al fin, en los estadios finales de las diversas tradiciones locales, la leyenda desemboca a la luz del día del tiempo hecho crónica.

Mwuetsi, el Hombre de la Luna, fue liberado, como un ancla que se abandona; la comunidad de sus hijos flotó libremente en el mundo diario de la conciencia despierta.

Pero se nos dice que estaban entre ellos hijos directos del padre ahora submarino, quienes, como los hijos de su primera concepción, habían crecido de la infancia a la

madurez en un solo día. Estos portadores especiales de la fuerza cósmica constituyeron una aristocracia espiritual y social. Llenos con una doble carga de energía creadora, ellos mismos fueron las fuentes de la revelación. Tales figuras aparecen en el estado primario de todos los pasados legendarios. Son los héroes culturales, los fundadores de ciudades.

Las crónicas chinas declaran que cuando la tierra se había solidificado y los pueblos se establecían en las orillas de los ríos, Fu Hsi, el" Emperador Celeste" (2953-2838 a.c.),

gobernó sobre ellos. Enseñó a sus tribus a pescar con redes, a cazar y a criar animales domésticos; dividió la gente en clanes e instituyó el matrimonio. De una tablilla sobrenatural que le fue confiada por un monstruo en forma de caballo que salió de las aguas del río Meng, dedujo los Ocho Diagramas que permanecen hasta nuestros días como los símbolos fundamentales del pensamiento chino tradicional. El emperador nació de una concepción milagrosa, después de una gestación de doce años; y su cuerpo era de serpiente, con brazos humanos y cabeza de buey. (1)

Shen Nung, su sucesor, el "Emperador Terrestre" (2838- 2698 a. c.), tenía ocho pies y siete pulgadas de alto, con cuerpo humano pero con cabeza de toro. Había sido concebido milagrosamente por medio de la influencia de un dragón. La madre avergonzada había dejado a su hijo en la ladera de una montaña, pero las bestias salvajes lo protegieron y lo alimentaron, y cuando la madre lo supo fue a buscarlo y lo volvió a su casa. Shen Nung descubrió en un solo día sesenta plantas venenosas y sus antídotos; a través de una cubierta de cristal sobre su estómago, pudo observar la digestión de cada hierba. Entonces compuso una farmacopea que todavía se usa. Fue el inventor del arado y de un sistema de trueque; es adorado por los campesinos chinos como el "príncipe de los cereales". A la edad de ciento sesenta y ocho años se reunió con los inmortales. (2)

Esos reyes serpientes y minotauros hablan de un pasado en que el emperador era el portador de una especial fuerza creadora y sostenedora del mundo, mucho mayor que la representada en la psique humana normal. En esa época se llevó a cabo un pesado trabajo de titanes, el establecimiento grandioso de los fundamentos de nuestra civilización humana. Pero con el avance del ciclo, vino un período en que el trabajo por hacer ya no era ni protohumano ni sobrehumano; era una labor específicamente humana: dominio de las pasiones, cultivo de las artes, elaboración de las instituciones económicas y culturales del estado.

Ya no se requiere la encarnación del Toro de la Luna, ni la sabiduría de la Serpiente de los Ocho Diagramas del Destino, sino un espíritu humano perfecto, alerta a las necesidades y esperanzas del corazón. Por lo tanto, el ciclo cosmogónico genera un emperador en forma humana que permanecerá frente a todas las generaciones del porvenir como el modelo del rey del hombre.

Huang Ti, el "Emperador Amarillo" (2697-2597 a. c.), fue el tercero de los augustos Tres. Su madre, una concubina del príncipe de la provincia de Chao-tien, lo concibió

una noche cuando contemplaba una brillante luz dorada alrededor de la constelación de la Osa Mayor. El niño pudo hablar a los setenta días de nacido y a la edad de once años subió al trono. Su don particular era su facultad de soñar: dormido podía visitar las regiones más remotas y tener tratos con los inmortales en el reino de lo sobrenatural. Poco después de haber subido al trono, Huang Ti cayó en un sueño que duró tres meses enteros, durante los cuales aprendió la lección del dominio del corazón. Después de un segundo sueño de duración comparable, regresó con el poder de enseñar a sus súbditos. Los instruyó en el dominio de las fuerzas de la naturaleza dentro de sus propios corazones.

Este hombre maravilloso gobernó China durante cien años, y en su reino el pueblo disfrutó de una verdadera edad de oro. Reunió seis grandes ministros a su alrededor,

con cuya ayuda compuso un calendario, estableció los cálculos matemáticos y enseñó a hacer utensilios de madera, barro y metal, a construir barcos y carruajes, a usar el dinero y a construir instrumentos musicales de bambú. Señaló lugares públicos para la adoración de Dios. Instituyó los límites y las leyes de la sociedad privada. Su esposa descubrió el arte de tejer la seda. Plantó cien variedades de grano, verduras y árboles; favoreció el desarrollo de los pájaros, de los cuadrúpedos, de los reptiles y de los insectos; enseñó los usos del agua, del fuego, de la madera y de la tierra; y reguló los movimientos de las mareas. Antes de su muerte, a la edad de ciento once años, el fénix y el unicornio aparecieron en los jardines del imperio, como prueba dela perfección de su reino. (3)

 

1 Giles, op. cit., pp. 233-234; Rev. J. MacGowan, The Imperial History of China (Shanghai, 1906), pp. 4-5; Friedrich Hirth, The Ancient History o/ China (Columbia University Press, 1908), pp. 8-9.

2 Giles, op. cit., p. 656; MacGowan, op. cit., pp. 5-6; Hirth, op.cit., pp. 10-12.

3 Giles, op.cit., p. 338; MacGowan, op.cit., pp.6-8; Edouard Chavannes, Les mémoires historiques de Se-tna Ts'ien (París, 1895-1905), vol. I, pp. 25-36. Ver también John C. Ferguson, Chínese Mythology ("The Mythology of All Races", vol. VIII, Boston, 1928), pp. 27-28, 29-31.

 

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